Ella opina

Iniciando el camino

Mulieris hoy – 9 de enero de 2018 – Ser mujer es uno de los regalos más grandes que hubiéramos podido recibir de Dios. Nada se asemeja a lo que hay dentro de ese hermoso “paquete” envuelto en papel regalo que el Señor nos da desde el momento en que nos piensa. Nos hace tan delicadamente entre Sus Manos, se toma el tiempo necesario para impregnarnos de Su Esencia, nos regala Su Ternura y sobre todo su capacidad de Amor-amar.

Al momento de nacer empieza una profunda e ilimitada aventura en donde intentaremos abrir el regalo. Algunas lo logran sin romper el papel, de forma tan delicada y suave que consiguen entender para qué fueron creadas. Otras no corremos con la misma suerte, y por la impaciencia que nos caracteriza lo abrimos con afán, sacamos su contenido, no leemos las instrucciones (la Voz de Dios en nuestro interior) y en varios intentos fallidos, armamos esa pieza delicada: nuestra dignidad.

Inclusive, para muchas, hoy es algo desconocido. Para esas mujeres, para ti, van mis palabras:

Ha llegado la hora en que encontremos nuestra vocación y la desarrollemos a plenitud. Pero ¡no te confundas! La mayoría de las personas piensan que la vocación es el llamado a la vida religiosa o sacerdotal.  ¡Claro! Tiene que ver, pero como siempre, nos perdemos de taaanto… Vocación es el llamado general que Dios hace a nuestras vidas, eso que nos susurra al oído mientras nos moldea en Sus Manos antes de llegar a la barriga de nuestras mamás. Eso que nos va a llevar a usar correctamente las herramientas (dones) que nos regala para, finalmente, retornar a Él.

Foto: @sammanns94 por Unsplash.

Ser mujer, como ser hombre, es una vocación. Pero nos dedicaremos a el SER de mujer, que es lo que nos interesa.  No se han preguntado ¿por qué el género femenino está siendo tan atacado hoy? Maltratos, lesbianismo, infertilidad, métodos anticonceptivos que acaban con el cuerpo y el alma, aborto, deseo de éxito y reconocimiento de la sociedad, salir del hogar, abandonar la familia o no querer una, viajes, joyas… vanidad de vanidades, todo es vanidad (Eclasiastés 1, 2-8).

Con esto no estoy satanizando las cosas del mundo, pues todo en su justa medida está bien. Pero ese mundo nos está llevando al borde del abismo. ¡Claro! Si no sabemos quienes somos ni el valor que tenemos somos fácilmente manejables, unos títeres del fin de los tiempos.

Mujeres: ¡somos la joya de la corona! En nuestras manos está el futuro, la vida, el amor, la paz, la unidad. Hemos recibido de Dios el hermoso don de amar como Él amó hasta dar a su hijo para regresarnos a ÉL. En el camino de las Sagradas Escrituras vemos ejemplos de valientes mujeres que trabajaron por el Reino, que creyeron, que amaron, que sufrieron, que lucharon. Y qué decir del hermoso ejemplo de las santas mujeres encargadas de pasar la tradición de amor hasta nuestros días. Mujeres vírgenes, casadas, pequeñas, mayores, jóvenes, que descubrieron, que se regalaron el privilegio de su SER.

No nos dejemos engañar pidiendo derechos inútiles. Somos estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan importante que aún no se ha puesto en evidencia. (Dignidad de la Mujer, San Juan Pablo II)

La Santísima Virgen lo entendió desde el comienzo, y nos deja un hermoso y claro ejemplo de acción. Recurro a su bondadoso e Inmaculado corazón para que nos guíe en éste camino, para que nos dé las gracias necesarias para ir guardando en nuestros corazones estas verdades y la fuerza para transmitirlas al mundo entero.

Así como fue revelado el puesto privilegiado de la Madre de Dios, se revelará en cada una de nosotras nuestra vocación.

¡Hasta la próxima! Paz y Bien.

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