María Madre de Jesús por Cathopic
Ella opina

La Libertad de Mamá María

Por: Marcela Palos

Mulieris hoy – 18 de diciembre de 2017 – Para el mundo contemporáneo, la libertad se ha convertido en un valor absoluto, en la única posibilidad de ser felices, si no se es libre no se puede ser feliz. Y aunque la teoría es correcta, sin libertad no se puede amar y, por tanto, no se puede ser feliz, también es cierto que el concepto actual de “libertad, es completamente erróneo, creyendo que libertad es hacer lo que nos plazca, no tener límites, escoger entre el bien y el mal, liberarme del exterior, gobierno, trabajo, responsabilidades -culpar a otros de mi esclavitud-, un supermercado de posibilidades. El problema de entender incorrectamente la libertad, es que al hacer todas estas acciones, que supuestamente me llevan a la  equivocada libertad y por tanto me seré feliz, la realidad es que  jamás llego a esa felicidad, porque el camino es equivocado y no llegaré a la meta.

Si queremos entender correctamente el concepto de libertad tenemos que mirar a María, Nuestra Santa Madre, quien ha sido el ser humano más libre. Solo cuando nos entendemos criaturas y aceptamos como ABSOLUTO la Voluntad de Dios, entonces somos libres, cuando acepto mi condición de criatura limitada y dependiente total del Creador puedo vivir en libertad, esa dependencia a Dios justamente es la generadora de libertad.

Sin embargo, el mundo postmoderno busca justamente “romper las ataduras con Dios”, ser nosotros mismos no más la creatura, sino el creador; y hemos pasado a lo largo de la historia por varias ideologías que han buscado imponer este concepto erróneo de la libertad como lo explica Joseph Ratzinger: “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo”.

Esta última fase en la que vivimos la ideología de género pretende negar eliminar las diferencias y la naturaleza propia de cada sexo, argumentando que el sexo no es otorgado por la naturaleza, sino que es una construcción social y como tal se puede definir al placer de cada quien, y cada persona tiene el derecho de elegir el sexo que le plazca cuantas veces quiera, entrando un absurdo que destruye al ser humano.

Esta ideología ha ido permeando de a poco en la mente de los individuos, y una de las claves ha sido vender el empoderamiento de la mujer mediante la negación de su fertilidad y maternidad, convenciéndola de que la maternidad la rebaja  a un ser inferior y la esclaviza, mientras que la “liberación de su fertilidad” -mediante anticonceptivos- y “la guerra contra la maternidad” -desapego de los hijos e incluso aborto- le dará felicidad.

Según investigaciones del Dr. Odeblad, los anticonceptivos envejecen el útero, por cada año que una mujer toma anticonceptivos su útero envejece 2 años, además de alterar todo su ciclo hormonal el cual rige prácticamente todas las funciones en el cuerpo femenino. Según el British Journal de Psiquiatría del 2011, el 86% de las mujeres que abortan desarrollarán alguna enfermedad mental -depresión, bipolaridad, esquizofrenia, etc.- a lo largo de su vida.

La esencia femenina justamente radica en su capacidad de albergar la vida creada en su vientre por 9 meses, de ahí características inherentes a la mujer como la generosidad, el cuidado por los demás, olvido de sí, formadora y dadora de vida. El propio cuerpo femenino se ordena y organiza con base a su ciclo fértil.

Este choque entre cultura postmoderna y naturaleza femenina nos ha traspasado y lastimado, inhibiendo nuestra capacidad de dar vida e incluso destrozándola; y lejos de llegar a esa “plenitud” prometida,  somos esclavas de un equivocado ideal de libertad.

Para verdaderamente ser libres, las mujeres debemos contemplar a María, imitar su sencillez y humildad de asumirse como criatura, de entender que sólo en el ejercicio pleno de mi naturaleza femenina encuentro mi propia libertad, no yendo en contra de quien soy, porque al hacerlo me destruyo, sería algo así como un rosal que se corta los pistilos para no florecer y regalarnos sus hermosas rosas, estaría destinado a perecer, y nadie disfrutaría del regalo de las rosas.

Sólo puedo vivir a plenitud cuando respeto cada función que me fue otorgada por Dios como un don, no como una lastre que me esclaviza, sino como un talento que me perfecciona, me hace libre, feliz y santa.

No nos cansemos de mirar el espectacular Sí de María, en donde completamente Ella alcanza esa libertad y la asume, al entenderse como criatura y vivir la Voluntad del Padre. Asumamos pues nuestra condición de mujeres, criaturas al fin, con el don más grande, el don que da vida.

 

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